
El mayor B., un veterano piloto del Escuadrón 118 de la Fuerza Aérea Israelí (FAI) -conocido como “Aves nocturnas”- volaba sobre los Montes Cárpatos el lunes, en lo que se suponía un desafiante pero rutinario entrenamiento.
En determinado momento, cerca de la ciudad de Bran, los helicópteros comenzaron a acercarse a un espeso banco de niebla. Los pilotos decidieron mantener distancia entre ellos para evitar una colisión, una de las lecciones que dejó el “Desastre de los helicópteros" de 1997, cuando dos Yasour chocaron sobre el norte de Israel, matando a los 73 soldados que estaban a bordo.
Tras atravesar la niebla, B. buscó a los demás helicópteros, pero no encontró uno. Al igual que el resto de los pilotos, trataron de comunicarse con la aeronave desaparecida, pero fue en vano.
"El peor de los escenarios no pasaba por mi mente", recordó el experimentado piloto.
Sin embargo, rápidamente localizaron, a través de la espesa niebla, los restos del helicóptero perdido, al pie de un barranco.
“Es difícil de asimilar: venías volando, mejorando tus habilidades y aprendiendo cosas nuevas, y de repente te encontrás intentando rescatar a tus amigos", explicó B.
"Es un gran dolor porque eran nuestros amigos y compañeros de escuadrón", pero "fuimos capaces de llevar a cabo la misión, si bien entendemos la importancia del rescate para las familias, para nosotros y para todo Israel".
Ayer, miércoles, el mayor B. volvió al aire para transportar a los encargados de búsqueda y rescate de la Unidad 669 de la FAI al sitio del accidente, en medio de un inestable clima de niebla y lluvia en los Cárpatos.
"No podríamos haber recibido una misión más complicada: tuvimos que cooperar con un ejército extranjero y volar en terrenos difíciles y grandes zonas con las que no estamos familiarizados, donde el clima cambia todo el tiempo”, describió.
“Ello nos obligó a operar de la mejor manera que pudimos", pero “sabíamos que éramos necesarios, y eso nos ayudó a hacerlo”, concluyó el piloto.
CGG
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