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AJN.- (Especial para AJN por el 17º aniversario del atentado a la AMIA Director nacional del ADL Liga Anti-Difamación) Este septiembre el mundo conmemorará el décimo aniversario de los infames ataques del once de septiembre del 2001, el día en el que la amenaza del terrorismo internacional se volvió una mortal realidad para Estados Unidos y el pueblo de todo el mundo. En Argentina, por supuesto, ese día llegó casi dos décadas antes, cuando un auto bomba explotó afuera del edificio de la comunidad judía AMIA/DAIA en Buenos Aires. Fue el mayor ataque terrorista en la historia de Argentina, hogar de una de las mayores comunidades judías de Latinoamérica.



El horroroso ataque del 18 de julio de 1994, que dejó a 85 ciudadanos argentinos muertos y cientos heridos, envió olas de shock a todo el mundo y a través de la comunidad judía global.

Los ataques del 11/09 y del 18 de julio son distintos en muchas maneras, por supuesto, incluyendo el hecho de que el ataque de Buenos Aires fue apuntado a la comunidad judía, contrario al del 11/09, que apuntó a Estados Unidos y Occidente. Pero hubo similitudes en el motivo y las tácticas.

El atentado de Argentina ofreció un anticipo de lo que terroristas internacionales con medios, grandes seguidores y objetivos extremistas son realmente capaces.

Una de las mayores diferencias, sin embargo, es cómo los ataques fueron tratados luego.

El atentado del 11/09 fue profundamente investigado. Las comisiones han hecho serias recomendaciones sobre cómo evitar otro atroz evento. Estados Unidos ha librado una campaña militar para eliminar a los extremistas de Irak y Afganistán. Osama Bin Laden fue asesinado y otras figuras de Al Qaeda han sido capturadas o están prófugas.

Mientras que nunca habrá un cierre completo para las familias y amigos de las víctimas del 11/09, uno puede argumentar que se ha dado una medida de justicia. A través de investigaciones multinacionales luego de los atentados, que identificaron claramente a los responsables, y a través de los esfuerzos de localizar y matar a terroristas de Al Qaeda en las montañas de Afganistán y paraísos seguros de Pakistán, las ruedas de la justicia se han movido lentamente.

En contraste, 17 años después del atentado a la AMIA/DAIA, esperamos ansiosamente a que cualquiera de los perpetradores sea llevado a la justicia, o que haya una indicación de que la comunidad internacional ha aprendido la lección luego de ese fatídico día.

El caso AMIA/DAIA permanece abierto en las cortes y tiene pocas perspectivas de avanzar, mientras que sus perpetradores eluden las órdenes de Interpol.

Hoy en día se conoce mucho más sobre los perpetradores terroristas de este atentado. Nueve personas, incluyendo Ahmad Vahidi, el ministro de Defensa de Irán, fueron acusadas en ausencia por planear el ataque y se enviaron órdenes de arresto desde Argentina.

Y además, el mes pasado, a pesar del pedido de Interpol, se lo invitó a Vahidi a Bolivia, donde iba a participar de encuentros de alto nivel para inaugurar un colegio militar. Cuando sonaron las alarmas de los argentinos sobre la presencia de Vahidi en Bolivia, éste fue rápidamente enviado a Teherán en vez de devuelto a las autoridades.

Mientras que el presidente boliviano Evo Morales y su gabinete de ministros lanzaron luego disculpas públicas a la Argentina y al comunidad judía, el hecho es que Vahidi estaba en el país y Bolivia permitió que se vaya. ¿Qué esperanza pueden tener las víctimas y sus familias si un país vecino le da la bienvenida al perpetrador de un terrible ataque terrorista sin pensar dos veces en entregarlo para que enfrente a la justicia argentina?

De muchos modos, el atentado a la AMIA/DAIA en 1994 y el bombardeo a la Embajada de Israel en 1992 en Buenos Aires fueron precursores de los intentos iraníes de penetrar Latinoamérica. Desafortunadamente, bajo el disfraz de “comercio” Irán ha tenido éxito en expandir sus tratos con Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Los motivos de Irán de sus operaciones en América Latina deben ser cuestionados.

Mientras Argentina conmemora el 17º aniversario del bombardeo de la AMIA/DAIA, es nuestro deseo que el mundo se renueve para buscar justicia en este caso y aprenda de las lecciones de este atentado. Se lo debemos a las víctimas y sus familias para recordar y hablar contra esta injusticia para que no se desechen más vidas en nombre del terror.

 

Abraham H. Foxman

Director nacional del ADL (Liga Anti-Difamación)

 


 
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