| El ascenso de Adolf Hitler al poder se debió a los sucesivos fracasos de los gobiernos de la República de Weimar (la Alemania de la post primera guerra) que no pudieron evitar las condiciones de inestabilidad, crisis, desocupación, hiperinflación, salvo por breves períodos. Al terminar la guerra, Alemania tuvo que pagar las reparaciones impuestas por el tratado de Versalles, por un lado. Por el otro, sufrió un fuerte golpe en su orgullo nacional, al serle quitadas tierras, colonias y reducido su ejército.
El discurso de Hitler se basó en reivindicaciones del nacionalismo alemán: devolver al país el lugar que ocupaba antes de la guerra y recuperar las tierras y colonias perdidas para ampliar el “espacio vital” alemán, reconstruir el ejército,.por un lado; por otro, romper con el Tratado de Versalles, no pagar las reparaciones, mejorar las condiciones económicas, eliminar la desocupación. Es decir, volver a ocupar “un lugar bajo el sol”.
En muchos círculos nacionalistas buscaban un culpable, e hicieron recaer esa responsabilidad en aquellos políticos judíos, que pactaron el armisticio de 1918 y fueron acusados de traicionar a Alemania, de haberle dado “la puñalada por la espalda”. .
También se acusó a judíos de conspirar con el marxismo internacional pretendiendo dominar al país e instalar el comunismo. Se culpaba a los judíos por todos los males de Alemania.
El discurso nacionalista atraía más que nada a los jóvenes que querían revancha de lo que les sucedió a sus mayores. Cuando Hitler subió al poder, el 30 de enero de 1933, la mayoría de los jerarcas del Partido que lo acompañaban tenía un promedio de edad de 30 años.
Desde su ascenso fu consolidando su poder, eliminado a la oposición y cumpliendo con aquello que había prometido: devolver a Alemania su grandeza. Así fue como se hizo la convocatoria al servicio militar, reconstruyendo las Fuerzas Armadas, se dio apoyó a los industriales con contratos de producción para el Estado y las Fuerzas Armadas y finalmente, se anexó Austria primero y luego Checoslovaquia, que significaron la unificación en una nación de la población étnicamente alemana.
Mientras tanto, las grandes potencias, como Inglaterra y Francia, observaban y no reaccionaban, sino por el contrario, estimaban que esta política de apaciguamiento, de permitir a Hitler hacer lo que quisiera, evitaba la confrontación y la guerra. .
Paralelamente, se instrumentó una política racista antijudía, con discursos que convocaban a la lucha contra los judíos y leyes que restringían primero y negaban después los derechos a los judíos. Nada de esto era nuevo, ya había ocurrido antes y por eso nadie pensaba, ni en Alemania ni fuera de ella, que esta virulencia terminaría en la Shoá…
Para los judíos alemanes fue un llamado de atención pero muchos pensaban que Hitler era un accidente, que no duraría mucho en el poder, que la Alemania culta y su pueblo no tolerarían a semejante personaje; era un advenedizo que pasaría como muchos políticos habían pasado antes. Sin embargo, se equivocaron…
Hitler y sus políticas no fueron los únicos responsables de la Shoá, como tampoco lo fueron los alemanes que lo apoyaron, sino tuvo cómplices en otros pueblos: aquellos políticos y quienes los apoyaban que no permitieron el ingreso de los refugiados judíos que querían abandonar Alemania, a sabiendas de lo que estaba pasando.
El gobierno británico, que tenía el mandato de Israel (Palestina en ese entonces), fue un gran responsable, porque cerró sus fronteras a la entrada de judíos. Y no puede alegar que no sabía qué estaba ocurriendo en Europa en plena guerra, cuando desde diferentes fuentes llegaban informaciones sobre los ghettos, campos y la resistencia.
Es cierto que Hitler fue la cabeza, el que daba órdenes y el líder emblemático del nazismo y sus políticas de exterminio, pero no hubiese tenido éxito sin el apoyo incondicional de los Eichmann, Goebbels, Goering, Heydrich. Fue el autor intelectual del genocidio y los demás fueron los partícipes secundarios.
Al terminar la guerra, en muchos lugares del mundo continuó la idiferencia frente al problema judío, incluso surgieron manifestaciones violentas de antisemitismo en la inmediata postguerra.
El 30 de enero de 1933 fue el inicio, el 27 de enero de 1945 fue el principio del fin. El 30 fue el origen y el 27 fue el cierre de una etapa. Se abrió otra, donde ya no estaban los ideólogos del odio, pero sus ideas seguían vigentes. El nazismo como fenómeno antijudío es un fenómeno típico del siglo XX, y su metodología es producto del nacionalismo y el modernismo llevados a su máxima expresión.
Nuestro camino para enfrentar al nazismo, al negacionismo de la Shoá es la Educación, la formación de las nuevas generaciones en el camino de la no discriminación y la aceptación del prójimo tal cual el prójimo es. Se está haciendo mucho, pero siempre es poco cuando se trata de luchar contra este fenómeno negador de lo Humano.
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